La indigencia mental de los sotanados sigue defendiendo que todo lo que le pasó a nuestra especie a los largo del devenir de los tiempos le era indiferente a una entidad supuestamente omnisciente y benevolente que al final tuvo que sacrificarse de la manera más sangrienta para intentar poner un poco de orden en su evidentemente fallida creación. Y luego, aquí nos volvió a dejar sin que en realidad nada haya cambiado a mejor.
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