
Los datos disponibles de satélites, boyas y estaciones meteorológicas demuestran que en la actualidad prácticamente no queda hielo viejo (de 5 años o más) en el Ártico.
Y el problema es que las zonas de hielo viejo son las más gruesas y las que por tanto son más resistente al deshielo estival, por lo que en la práctica se está amplificando el calentamiento global ya que el océano ártico absorbe cada año más luz del sol, esa misma luz que era reflejada previamente por un casquete polar ya prácticamente inexistente.
Si a eso le sumamos que el mayor glaciar de la Antártida está en retirada desde 1945 vertiendo al océano cada vez mayores cantidades de agua
el futuro no puede ser más sombrío.
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