


en donde estos gobios deben superar las cuatro cascadas del rio Nanue, desniveles que oscilan entre los más que respetables 18 metros de la tercera cascada y los casi insuperables 76 metros de altura de la primera, hasta sumar 194 metros de elevación prácticamente en vertical.
¿Y cómo consiguen esta hercúlea hazaña imposible para cualquier otra especie animal, humanos incluidos salvo que se ayuden de la siempre eficiente tecnología de cuerdas, crampones y demás sofisticado aparataje de escalada? Pues con dos más que increíbles adaptaciones.
La primera consiste en una ventosa ventral que junto con su boca modificada le permite al animal aferrarse a las paredes como si tuviera dos ventosas, tal y como se describe en un artículo publicado hace algunos años. La segunda, como se representa en la siguiente figura, es el desarrollo de una poderosa musculatura en sus aletas pectorales y la región pélvica que le permite a este pez realizar un movimiento ondulatorio parecido al de las orugas (tal y como se identificó en otro estudio) en donde se va alternando la adhesión de cada una de las dos ventosas a las rocas verticales.
Ambas adaptaciones permiten a estos animales realizar la increíble hazaña que se representa en el siguiente video.
La pregunta que surge a modo de ejercicio intelectual para activar el cerebro más que adormilado en este estío veraniego del hemisferio norte (que no todo van a ser baños marinos y cervezas heladas) es cómo estos tan particulares peces llegaron por primera vez a esas casi inaccesibles pozas de montaña. Y todo ello en el breve espacio de tiempo geológico de unos pocos millones de años.



